¿sabes? imposible que lo sepas. mi pregunta es necia, yo soy necia como cualquier ser humano en destellos temporales. no, digamos que ni en eso, soy necia por el efecto de los catálogos de muebles futuristas que colecciono. la verdad es que me vuelven loca, me restriegan las ideas y las revierten, así que prefiero un diseño alucinante a salir en pos de un trámite en una empresa de aspecto imponente donde quién sabe podría encontrar esos muebles para tocarlos y sentarme en ellos. y no, me quedo en casa mirando el catálogo, haciendo té chino, mezclando restos de colonias y perfumes porque se me acabó la fragancia exótica que luc me obsequió hace dos años. luego preparo una ensalada de espárragos y almedras con crema netier. saco el polvo de la mesa y el escritorio, veo la ruma de monografías al lado de la compu, digo ejem y me quedo en posición de marioneta al borde de una caída de agua.
me siento a recordar mi sueño en el que vivía al lado de una cárcel que era idéntica a un solar con ventanales, con piso de madera vieja, balcones antiguos, azulejos colocados por todas partes y un patio siniestro para los presos. de pronto yo era una visitante, luego una presa más, y en fila india esperaba mi sentencia de muerte. vi la cara de t, sonriente, con la secreta satisfacción de verme al borde de la desaparición total. nadie venía a verme y al final, en un salto de lo más natural en los sueños, yo tenía entre mis manos un catálogo de muebles y era feliz. me iban a sentar en una silla eléctrica y yo imaginaba que era un mueble al estilo del enterprise. nada importaba más.
o sí, si importaba, porque el sueño se fracturó y yo ya no estaba atada con correas irrompibles de cuero negro ante la mirada de un jurado compuesto de ancianos vestidos como mandarines, tan ridículos como clowns de otro siglo. ahora yo era una copa diminuta, una copa veneciana y tomaba conciencia de esa identidad de copa fina con pequeñas aplicaciones de platino cuando un androide de mirada cálida me tocaba y me llevaba a sus tersos labios. yo era una copa, la más hermosa que pudieras imaginarte y el androide me contemplaba entre sonidos digitales de música atmosférica, en un inmenso salón flotante donde cada detalle expresaba mil significados como en un haiku releído mil veces al que en cada lectura, le encuentras algo puro y nuevo que antes no habías percibido. yo era una copa diminuta en la mano de un androide y aquello era lo único que importaba.
me pasaría la vida recordando sueños, asumiendo mi identidad de copa diminuta y preciosa, o mirando catálogos de muebles futuristas, comiendo ensaladas de espárragos y almendras, tomando té chino, viajando en globos aerostáticos, componiendo canciones para ser interpretadas en perfomances que tal vez todos olvidarían. me pasaría la vida viajando en trenes supersónicos y en naves espaciales que van a otras galaxias. o no, moriría pronto, ni yo lo sé con seguridad. al fin nadie sabe nada de nada.